En la primera final de la Copa Libertadores, el Xeneize se imponía con gol de Roncaglia, que debería haber sido expulsado. Pero a los 40 de la segunda mitad igualó Romarinho.

En lo previo, podía especularse con que Corinthians buscaría conseguir al menos un empate sostenido en la fortaleza defensiva que exhibió a lo largo de toda la Copa, y, en los hechos, durante la primera parte consiguió ese objetivo con solvencia. Un cabezazo elevado de Rolando Schiavi al minuto de juego sería la única acción de riesgo que generaría Boca durante un largo rato, dentro de un desarrollo trabado e intenso, con despliegue y buen ritmo, pero también plagado de imprecisiones.

Boca se mostró ambicioso y decidido, pero chocó contra la estructura ordenada de su rival, que se preocupó por atacar poco y defender bastante, con un planteo en el que le permitió al local tener el control del balón, aunque impuso una férrea marcación sobre Juan Román Riquelme, el encargado de manejar los hilos del ataque auriazul.

Encerrado entre los rivales y fastidiado por no poder elaborar juego, Riquelme se mostró incómodo y esa imagen fue la misma que reflejó Boca, impotente para descifrar el jeroglífico que la propuso Corinthians, a la vez que Pablo Mouche no pudo hacer pesar su velocidad, y el ‘Pelado’ Santiago Silva cayó en una red de turbulencia.

En una acción aislada, Agustín Orion, el arquero de Boca, debió estirarse para salvar su valla ante un bombazo de media distancia de Paulinho que amenazaba con colarse por el ángulo izquierdo, y por el lado local, Silva inquietó con una ‘tijera’ que Alessandro desvió casi en la boca del arco paulista.

Para la segunda mitad, Boca cambió y ofreció un juego con más dinámica en el ataque y con más sociedades para la generación de ataques, y movimientos de desmarque para tratar de encontrar espacios. Eso le permitió arrinconar a Corinthians y empezar a generar todas las situaciones que no habían llegado en la primera parte, y estuvo cerca de la apertura en un derechazo elevado de Riquelme, y en un remate de Mouche a las manos de Cássio, ya dentro de un desarrollo mucho más abierto.

El premio al esfuerzo local llegó cerca de la media hora, a la salida de un tiro de esquina, cuando Silva cabeceó y Chicao rechazó en la línea con un manotazo, pero el rebote quedó a los pies de Facundo Roncaglia, que envió el balón a la red. Cabe destacar que el volante debió ser expulsado por una doble amonestación en la primera mitad, pero el árbitro chileno Enrique Osses le “perdonó la vida”.

El encuentro parecía quedar a merced de Boca, pero inesperadamente el local no supo cerrar a tiempo el resultado, y Tite acertó con el ingreso de Romarinho, que venía de anotarle dos goles a Palmeiras por el Brasileirao, y marcó el empate con una exquisita definición, tras pase de Paulinho a la espalda de Clemente Rodríguez, a los 40 minutos.

En el último minuto Boca estuvo otra vez a tiro de la victoria, pero el ingresado Lucas Viatri estrelló su cabezazo en el travesaño, y Darío Cvitanich desvió el rebote desde una posición inmejorable.

Como se esperaba, Corinthians supo complicarlo a Boca y ahora buscará el próximo miércoles su primera Libertadores en su propia casa, pero al mismo tiempo, no podrá descuidarse ante un rival con experiencia y capacidad para este tipo de duelos complicados, y que acudirá al Pacaembú con la certeza de poder salir victorioso de allí.

 

Fuente: Infobae.com

 

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