BOGOTA (AP) — Dos sacerdotes católicos contrataron hace poco más de un año a un grupo de sicarios para que los asesinaran cuando se enteraron de que al menos uno de ellos tenía una enfermedad contagiosa incurable, informó el martes la Fiscalía General.

Los religiosos Rafael Reátiga y Richard Píffano “pagaron 15 millones de pesos (unos 8.435 dólares)” para que los mataran, explicó en entrevista telefónica Maritza González, directora nacional del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía.

Con base en pruebas científicas se estableció que Reátiga era portador del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), precisó González.

Antes de contratar a los sicarios, según la Fiscalía, los dos curas fueron hasta una zona árida del departamento de Santander conocida el cañón de Chicamocha. Según González, al parecer los dos hombres se iban a arrojar por uno de esos precipicios pero no fueron capaces de suicidarse.

Los dos sacerdotes fueron encontrados muertos en la mañana del 27 de enero en el interior de un automóvil en el sur de Bogotá. Habían sido baleados la noche anterior.

Dos de los cuatro sicarios que asesinaron a Reátiga, de 36 años, y Píffano, de 37, serán llevados el martes ante un juez penal de la capital colombiana para la legalización de sus capturas.

La Fiscalía está cerca de los otros dos asesinos, observó González.

 

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1 Comentarios

  1. federicco says:

    Todos creían que habían sido asesinados por otras razones. La sociedad colombiana se rasgó los ropajes de la indignación religiosa y pidió a gritos que el crimen fuera resuelto y que los culpables comparecieran ante la justicia; así que la fiscalía demostró que… murieron como Romeo y Julieta. A causa de un amor “prohibido”. Es que eran sacerdotes católicos… gay… estaban “enfermos”… y vivían como pareja. La fiscalía colombiana determinó que los dos sacerdotes eran “pareja” y frecuentaban sitios nocturnos de la comunidad gay en Bogotá. Los dos sicarios que fueron capturados por las autoridades, confesaron el asesinato y la forma cómo los dos sacerdotes realizaron el pago para garantizar el crimen y hacerlo aparecer como un atraco. Esta historia, más que una lección de “amor” de los dos sacerdotes gay que se “suicidaron” por cobardía para no enfrentar las consecuencias de sus actos, es una para aquellos crédulos de la “bondad” y “valores” de los sacerdotes católicos.

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