Tras cinco meses de lockout, el viernes fue el día del inicio de los entrenamientos de la liga profesional de baloncesto en Estados Unidos. Y estuvo plagado de rumores, fundados e infundados, con un hit inverosímil: un traspaso colectivo que afectaba a varias estrellas y que fue vetado oficialmente por “razones deportivas”, pero que esconde una trama de presiones que se deriva del conflictoapenas finalizado.

“Sería una farsa permitir que los Lakers consiguiesen a Chris Paul en una operación que aparentemente se está gestando”, le escribió Dan Gilbert, dueño de los Cleveland Cavaliers, al mismísimo David Stern, comisionado de la NBA.

La organización (es decir, la asociación que une a los diferentes equipos-empresa) tiene a su cargo el manejo de la franquicia de Nueva Orleans en la que juega Chris Paul, mientras que los otros 29 equipos poseen una estructura “normal”, cada uno con su dueño. Pero como los Hornets son un caso diferente, Dan Gilbert -dueño de los Cavaliers de Cleveland y por lo tanto de 1/29 parte de los Hornets- decidió ponerle presión a Stern:

“Esta operación necesitaría de la aprobación de los 29 propietarios de los Hornets (…) No veo cómo podemos permitir que esta operación se cierre. Sé que la mayoría de propietarios piensan lo mismo que yo”, le dijo Gilbert a Stern poniéndolo entre la espada y la pared.

¿A qué compleja operación se refería? Todo empieza por el fracaso de los Lakers en los playoffs 2010/2011, en los que fueron eliminados por los Dallas Mavericks, luego campeones. Los californianos se decidieron a reforzar el equipo rodeando a Kobe Bryant de dos figuras básicas: el base Chris Paul y el pivote Dwight Howard, ambos all stars.

Para eso tejieron cuidadosamente un acuerdo que producía un dominó en el que estaban involucrados seis jugadores: Pau Gasol dejaría a los Lakers para recalar en Houston -supliendo el retiro de Yao Ming-, los Rockets dejarían ir a Luis Scola, Kevin Martin y Goran Dragic a Nueva Orleans y los Hornets a su base estrella, Chris Paul, a Los Angeles.

En ese dominó, los grandes favorecidos parecían ser los Lakers, toda vez que el siguiente objetivo, Howard, ya ha sido autorizado por Orlando Magic para iniciar negociaciones. Pero el resto de los dueños la liga, sensibles tras el polémico acuerdo laboral que supuestamente permitiría nivelar el poderío deportivo y económico de los equipos, estallaron:

“No recuerdo nunca una operación en el que un equipo consiga al mejor jugador y logre ahorrarse sobre 40 millones con ello. Y no parece que vayan a desprenderse de opciones de Draft, por lo que más tarde podrían acometer el traspaso de Dwight Howard”, analizó Gilbert, cuyo plantel perdió a LeBron James a manos de Miami en 2010, desahuciando al equipo: pasó de ser candidato al último lugar de la tabla.

Presionado, Stern debió ceder y vetar el megacanje sin detallar las “razones deportivas” ya citadas, generando a su vez situaciones tragicómicas para jugadores que de estar preparando la mudanza urgente hacia otra ciudad pasaron a tener que ir a entrenar a su equipo “de siempre”, como si nada hubiese pasado.

El argentino Scola, segundo goleador (18,1 puntos por juego) y máximo rebotero (8,2) de Houston en la 2010/2011, explicó cómo lo afectó el caso en declaraciones al programa radial Uno contra uno, de su país.

“Lo primero que te puedo decir es que no sé si puede pasar. De hecho, no sé si tengo que ir a entrenar o no. El entrenamiento es en una hora y no sé si tengo que ir”, señalaba con incertidumbre durante la mañana del viernes.

A diferencia de lo que ocurre en otros deportes, los traspasos de estrellas a través de canjes -el nuevo equipo se hace cargo de cumplir con el contrato vigente de cada jugador que toma- son comunes y los protagonistas no tienen voz ni voto: simplementedeben asumir la situación y marchar a su nuevo destino, cualquiera sea.

Scola, a fin de cuentas un latino con sentimientos de pertenencia diferentes a la media que impera en una liga de tono empresarial, se arrepiente de haber pecado de cierta ingenuidad: ”Yo me identifiqué muchísimo con Houston. Además, con la camiseta, la gente, los colores, la ciudad. Ayer me sentí un poco tonto, pero quiero que no se malentienda: me sentí medio tonto conmigo mismo. Sabía que esto era así, y nada de lo que pasó ayer me tomó por sorpresa. Sé exactamente cómo es el negocio y me sentí así desde el punto de que no debí involucrarme ni identificarme tanto con un equipo porque el negocio es de una forma. Y yo ya lo sé”.

Su particular autocrítica fue obviamente bien recibida por su nuevo entrenador, Kevin McHale, quien tuvo que dar la cara ante los tres jugadores de los que había tratado de deshacerse apenas horas antes.

“Fue un día muy loco”, dijo McHale en una entrevista con NBA TV. “Ves a tus jugadores y ellos te miran como diciendo: ‘Hey, este tipo trató de traspasarme hoy…’ Yo trataba de decirles… ‘vamos, estamos en esto juntos’. Igual ellos estuvieron grandiosos y hasta me gastaron bromas. En el medio de la práctica, Luis Scola me preguntó: ‘¿Quieres que me saque esta remera de los Houston Rockets ahora?’ Entonces yo le dije ‘No-no-no, mi buen amigo, sigues con nosotros…’ Así que también fue divertido”.

Claro que otros, como el anotador Kevin Martin, fueron un poco más fríos. ”Bueno, creo que Dan Morey [dueño de los Houston Rockets] ha mostrado sus cartas…”

 

Fuente: Infobae

 

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